Marsala: Clima y Suelos

La región vitícola de Marsala se extiende prácticamente por toda la provincia de Trapani, con la ciudad de Marsala ubicada en el centro occidental. La DOC Marsala ocupa una superficie aproximada de 234.000 ha, de las que poco más de 65.000 están dedicadas al cultivo de vid. Esta extensión equivale aproximadamente a la mitad de la superficie total del viñedo de Sicilia, lo que convierte a Trapani en la provincia italiana con mayor superficie dedica al cultivo de la uva. La región cuenta con una orografía que se extiende desde el nivel del mar hasta los 750 metros de altura, en los Montes de Gibelina, pero el viñedo raramente supera los 300 metros sobre el nivel del mar.

La DOC Marsala incluye además del propio municipio de Marsala, los de Mazara del Vallo, Castelvetrano (con el parque arqueológico de Selinunte), Trapani, Salemi, Petrosino, Partanna, Campobello di Mazara, Calatafimi (con las ruinas de Segesta), Catellamare del Golfo y Buseto Palizzolo.

El clima predominante en la región vitícola de Marsala es de tipo mediterráneo, con veranos secos y cálidos e inviernos húmedos y suaves. Los inviernos registran habitualmente las mayores precipitaciones y presentan temperaturas medias que raramente descienden por debajo de los 5 grados. En verano el clima es casi árido, debido a las altas temperaturas, la elevada radiación solar y la falta de precipitaciones, aunque gracias a las brisas marinas que llegan desde el Mediterráneo no afecta negativamente a los viñedos situados cerca de la costa. Las condiciones anteriores junto a una escasa amplitud térmica entre día y noche proporcionan uvas con escasa acidez y elevado nivel de azúcar, generando en la vendimia una producción de uva con el perfil adecuado para la elaboración del vino Marsala.

Una de las principales características que define los suelos de Marsala es la presencia, en mayor o menor cantidad, de caliza. El viñedo se asienta sobre tres tipos principales de suelos:

Los suelos arenoso-calcáreos, ubicados principalmente en el municipio de Marsala y en toda la franja litoral hacia el sur, que en general son pobres en materia orgánica y nitratos. Estos suelos se generaron por la acumulación de residuos de fósiles marinos y conchas durante el periodo en el que este territorio permaneció bajo el mar y se manifiestan en forma de arenas calcáreas en la superficie y de rocas calcarenitas en las profundidades. En italiano estos terrenos se denominan Terre rosse siciliane, Tierras rojas de Sicilia, y a diferencia de otros suelos calcáreos presentan este color debido al óxido de hierro presente en el suelo. Estos terrenos están considerados como poco fértiles debido a su alto drenaje y escaso contenido orgánico pero en ocasiones la capa de agua subterránea se encuentra lo suficientemente cerca de la superficie como para permitir que las viñas sobrevivan a los áridos veranos de la zona. En dialecto siciliano estos terrenos se conocen como sciare, palabra de origen árabe que significa tierras áridas.

Los suelos de margas arcillosas (Arcillosos Margoso) se concentran principalmente en el centro norte de la Denominación. Estos terrenos en italiano se denominan Terre argillose, dado que en su composición predomina la arcilla sobre los carbonatos cálcicos, que raramente superan proporciones del 40%. Estos suelos ofrecen buenos rendimientos pero generalmente con uvas que presentan un bajo contenido en azúcares.

Los suelos generados por la descomposición de rocas clásticas, formadas por sedimentación continental fluvial, se extienden a lo largo de las proximidades de los ríos. Son suelos arcillosos con mayor o menor presencia de caliza y limos, en proporciones muy similares. Estos terrenos en italiano se denominan Terre brune, tierras morenas. En la mayoría de los casos se caracterizan por ser suelos fértiles que ofrecen productos de alta calidad.

En el viñedo de Marsala el sistema tradicional de conducción de la vid es alberello, arbolito en italiano. Este tipo de conducción, con algunas diferencias, se utiliza también en otras zonas de Sicilia, principalmente en el Etna. En el caso de Marsala la poda es muy cota y la vid permanece sin apoyo o sujeción, en Etna es habitual atar la vid a una estaca de palo clavada junto a ella a fin de protegerla de los fuertes vientos. El alberello de Marsala, denominado ad archetto, se diferencia también por tener 3 ó 4 brazos de producción de los cuales, a rotación, se saca un sarmiento de 2-3 yemas y se ata al brazo opuesto. El efecto conseguido con este tipo de poda es el desarrollo de una gran masa foliar, concentrada alrededor de la planta, que protege los racimos en los calurosos veranos. Es practica común que tras la floración se recojan los nuevos brotes en manojo, para elevar la planta y mejorar la ventilación, conformando un gran sombrero que actúa como protección de las uvas.

La vendimia habitualmente comienza a principios de septiembre en las zonas más tempranas. Es práctica habitual realizar un defoliado el mes anterior a la vendimia. Esta práctica puede ser una medida contraproducente en los veranos más cálidos ya que la elevada radiación puede llegar a quemar los racimos. El disciplinar permite el cultivo en espaldera y la implantación de un sistema de riego, para uso exclusivo en los años más secos y como ayuda a la subsistencia de la planta.

Sicilia, dada su estratégica posición en el centro del Mar Mediterráneo, siempre ha llamado la atención de las diferentes culturas dominantes a lo largo de la historia. En sus tierras encontramos vestigios de la presencia de griegos, romanos, árabes y de los imperios de la edad media. El oeste Sicilia, donde se ubica Marsala, ha sido protagonista del desarrollo cultural y político desde la civilización prehistórica de los Elemi, uno de los tres pueblos arcaicos de la isla.

Sicilia siempre se ha caracterizado por disponer de grandes espacios dedicados a la agricultura y al cultivo, los romanos consideraban que la isla era el granero de su imperio. Durante la época feudal el territorio agrícola se organizaba en torno a pequeñas sociedades independientes que habitaban una multitud dispersa de edificaciones llamadas baglio. Estas edificaciones funcionaban como pequeños cortijos fortificados y eran el resultados de una organización económica y de gestión del espacio rural, fuertemente ligada al latifundio.

El siglo XIX trajo una fuerte expansión económica a la región, en parte gracias al éxito del Vino Marsala. Las zonas de explotación agrícola, incluidos los viñedos, se encontraban alejados de los núcleos urbanos y se establecieron arquitecturas similares a los baglio llamadas chianu. Estas construcciones temporales, necesarias para cumplir con las labores agrícolas, se transformaron posteriormente en definitivas y dieron lugar a la subdivisión del terreno en lo que se conoce como contrade (contradas) a partir del siglo XX.

En la actualidad podemos encontrar estas contrade diferenciadas como zonas geográficas conocidas por su propio nombre, dentro de la denominación de origen Marsala. Esta categorización, sin embargo, no representa una particular aptitud para el cultivo de la vid en esa zona o paraje, sino la herencia histórica del desarrollo de la viticultura en Sicilia.

Si lo deseas puedes leer el artículo que le hemos dedicado a la Historia de los Vinos de Marsala.

 

Giacomo Felcher es el autor de este artículo, con la colaboración de Ricardo Sanchoyarto, así como responsable de la labor de documentación previa. El autor, de origen italiano y actualmente afincando en España, es arquitecto de formación con un fuerte afán de conocimiento hacia todas las formas de expresión cultural.

Entrada Anterior - Entrada Siguiente

Uso de cookies

Si, nosotros también utilizamos las famosas cookies para ofrecerte la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando en este mar de vino estás dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies